Mt 14,13-21[1]
“No esperes un milagro, hazlo”
“No me des un pescado, cómprame los peces, que con mi caña he pescado”
De la misma manera la Palabra debe llevarse al campo de la solidaridad en la acción: Realización del Reino. Si el reinado de Dios no se concretiza en obras carece de sentido, como lo explica la carta de Santiago y los hechos de los Apóstoles (Cfr. Hec 2,44-47) Jesús lleva a acciones su Palabra: Siente “compasión de la gente” (Mt 14,14; Cfr. 15,32) porque “parecen como ovejas sin pastor” (Mc 6,34; Cfr. Mc 8,2) e invita a los discípulos que sean solidarios con ellos y que les den de comer: “Él les dijo: denle ustedes de comer” (Lc 9,13; Cfr. Mc 6,37; Mt 14,16).
Esta invitación a compartir el pan es el camino que se caracteriza con la solidaridad, llevándonos a vivenciar el reino de Dios en nuestra vida de fe. La solidaridad, es ante todo, enseñar a compartir, a vivir en paz, a caminar en Dios, a dar de lo poco que tenemos o de lo mucho que tenemos: “Comparte tu pan con el hambriento y tu ropa con el harapiento. Si te sobra algo, dalo de limosna. Cuando des limosna, no seas tacaño. Reparte tu pan en las tumbas de los justos, pero no en la de los pecadores[2]” (Tob 4,16-17; Tob 7,11; Ecle 4,1-10)
Estos textos concretizan junto con Mt 14,13-21, lo que se había reflexionado a cerca de la presencia del Reinado de Dios. No es un simple llamado a la solidaridad como actos aislados de caridad: Mercaditos, ropa de segunda, visitas a obras de beneficencias, sancochitos y otras actividades al estilo, sin fundamentos reflexivos desde la tradición bíblica. Sino que debe partir de una reflexión seria, alimentada por la tradición bíblica (Cfr. 2R 4,1-7.42-44; Ex 16; Nm 11)
Desde esta perspectiva, se da un llamado a compartir el pan con el hambriento; porque esto es lo que el Señor quiere de nosotros: “En que compartas tu pan con el hambriento, y recibas en tu casa al pobre sin techo; en que vistas al que no tiene ropa y no dejes de socorrer a tus semejantes” (Is 58,7) Esto es precisamente, lo que nosotros como cristianos no hemos querido hacer, por distraernos en otras actividades. Compartir es la propuesta que Jesús nos hace; Jesús da de comer a una multitud, nuestro deber es incrementar esta práctica en la Iglesia como camino de reflexión y justicia, vividos desde el reino.
En el Evangelio de Mateo este relato, conocido como la multiplicación de los panes, mejor sería llamarlo: Jesús da comer a una multitud, invitándola a compartir. Se presenta en dos relatos que conservan el mismo sentido: dar de comer a una multitud. También el estilo es similar con algunas variaciones redaccional, que con una comparación sencilla se puede apreciar:
Este texto es de relevancias en Mateo; la reflexión que suscita es la invitación que hace Jesús a los discípulos de compartir lo que se tiene, sin apegarse a las cosas materiales. Este es el milagro: Hacerle entender a la gente, que cuando se comparte, se puede vivir mejor. Es decir, el milagro consiste en concretizar la presencia del reino de Dios.
Y que este solo es posible, si en la comunidad se crea conciencia de solidaridad, conciencia del reinado de Dios. El reino de Dios es en la comunidad, cuando se comparte el pan con el hambriento (Cfr. Ecle 4,1-10), cuando se viste al desnudo, cuando se paga el salario justo (Cfr. Tob 4,14-15; Pio XI. QA 71.74)[3] Cuando nosotros los cristianos-católicos empecemos a hacer esto, estaremos haciendo realidad el reino de Dios.
Dos ilustraciones nos ayudan a recrear este texto de Mateo: 1. Multiplicación de los panes en dos actos; 2. Alcancía de la solidaridad o de los $ 100 pesos:
¿Crees en los milagros? ¿O piensas que sólo se pudieron dar en el tiempo de Jesús?
Reflexionemos juntos en esta historia de la multiplicación de los panes, en dos actos.
Primer acto: año 32 de nuestra era, a orillas del mar de Galilea
Una muchedumbre seguía a Jesús y al caer la tarde los discípulos le dicen a Jesús: "Maestro, ya es tarde, ¿por qué no despides a la gente para que vaya a buscar que comer? Deben estar hambrientos." Pero Jesús, como de costumbre, sorprende a sus discípulos: "Denles ustedes de comer".
Podemos imaginarnos la cara de los discípulos y lo que pasó por su mente: "Imposible comprar comida para todos (eran más de cinco mil), sería mejor despedirlos y mandarlos a que cada uno buscara qué comer".
Pero Jesús les dice: "¿Cuánta comida traen ustedes?" Ellos le contestan: "Cinco panes y dos peces..." cantidad claramente insuficiente para poder dar al menos unas migajas a toda la muchedumbre.
Jesús les pide a todos que se sienten, y después de dar gracias a Dios, empezó a partir y repartir... ¡Todos comieron hasta saciarse! Y sobraron doce canastos... ¿quién iba a pensar?. Definitivamente un milagro.
Segundo acto: año 2011, en cualquier lugar del mundo
Hay muchos hombres y niños que sufren: hambrientos, enfermos, abandonados... tirados en la calle, sin esperanza. ¿De dónde sacar pan, medicinas, tiempo para todos ellos? "Denles ustedes de comer". Se repiten las palabras de Jesús. Pero, son mis pocos ahorros, mi pobre despensa, mi tiempo, mi persona llena de debilidades y limitaciones, para 'alimentar' a esa muchedumbre. "Denles ustedes de comer".
Jesús te dice: "Dales tú de comer, ¿qué es lo que tienes? ¿Con cuántos cuentas? Eso poco que tienes yo te lo di, y no para tí solo... sino para que, agradeciéndome, lo pongas a disposición de esa multitud... ¿No alcanzará? ¿No remediará nada? ¿Acaso no confías en mí? No alimenté yo a cinco mil personas con sólo cinco panes y dos peces? Tú dámelos. Dame tu persona, tu tiempo, tus capacidades, comparte lo que tienes. Yo me encargo de hacer el milagro."
Sí, todavía pueden darse los milagros. Es más, se están dando a nuestro alrededor. Hay muchos que al compartir su pan, su tiempo, su persona en una obra buena, en un apostolado, en un servicio a los más necesitados, están colaborando a que muchos milagros se realicen hoy. Verdaderamente Dios "multiplica" energías, bienes, tiempo, personas. Hay muchos que podemos dar testimonio de ello.
Dijo Jesús que el Reino de Dios al principio tiene la apariencia modesta de un pequeño grano de mostaza, pero que esta semilla es capaz de germinar y terminar en un frondoso árbol, bajo cuya sombra muchos puedan descansar.
Con sus milagros Jesús dio testimonio de que el reinado de Dios había comenzado”.
2 ALCANCIA DE LA SOLIDARIDAD O DE LOS 100 PESOS
Hagamos una propuesta a nivel general en nuestro pueblo, la alcancía de la solidaridad o de los 100 pesos. La propuesta es la siguiente:
1. Un Colombiano ahorra 100 pesos diarios
2. Al mes ha de haber ahorrado $ 3.000
3. Al año tendría ahorrado $ 36.000
4. Si lo hacen 40.000.000 de colombianos
5. Tendríamos en el año $ 1.440.000.000 de pesos
Se imaginan lo viable que sería compartir desde lo mínimo en la Economía de la Salvación, en la “multiplicación de los panes” Jesús hizo que cada quien diera de lo poco que llevaba para colocarlo en común y todos comieron, ¿Qué no haríamos hoy con la cadena de la solidaridad o alcancía de los 100 pesos?: Crearíamos trabajos sostenibles, que ayudaría a disminuir la pobreza, la miseria y el hambre.
Si cada colombiano que se autodenomina así mismo cristiano, hiciera esto como una propuesta de vida, canalizaríamos la cadena de la solidaridad, la cadena del Reino de Dios, en un año estaríamos combatiendo la pobreza, porque seriamos cuarenta millones de colombianos ahorrando un peso diario, será la tierra de los bienaventurados (Mt 5,1-12) será el lugar donde se concretizará el reinado de Dios: “Aquí está el lugar donde Dios vive con los hombres. Vivirá con ellos, y ellos serán sus pueblos, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Secará todas las lágrimas de ellos, y ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento, ni dolor; porque todo lo que antes existía ha dejado de existir” (Ap 21,3-4).
“Hijo mío, no te burles del que vive en la aflicción, ni desprecies al que sufre amargamente. No dejes sufrir al que esté necesitado, ni te escondas del que esté abatido. No hagas sufrir al que tiene el corazón afligido, ni le niegues ayuda al pobre” (Eclo 4,1-3).
[1] Mateo y Marcos presentan este relato dos veces en sus estructuras redaccional (Mt 14,13-21; 15,32-39; Mc 6,30-44; 8,1-10) En cambio Lucas y Juna una sola vez (Lc 9,10-17; Jn 6,1-13) Este texto es considerado de tradición cuádruple.
[2] Se hace alusión en este texto a los banquetes funerarios celebrados para consolar a los parientes del difunto (Cfr. Jr 16,7).
[3] Compendio de doctrina social de la Iglesia: http://www.eje.catholic.net/archivos/compendiodsi.pdf.


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