XIV. APOCALIPSIS
APOCALISIS 4,1-8,1/ II
Ap 6,1-2: Después vi que el Cordero abría
el primero de los siete sellos, y oí al primero de los cuatro Seres vivientes
que decía con voz de trueno: ¡Ven! Y vi aparecer un caballo blanco. Su jinete
tenía un arco, recibió una corona y salió triunfante, para seguir venciendo.
El llamado de ¡Ven! es para el Cordero que es digno
de abrir los sellos, por eso el viviente dice ¡Ven! invocación al triunfo que
está por suceder. Se escucha una voz como de trueno para que toda la creación
esté a la expectativa de lo que se va a revelar. La apertura de los sellos es
símbolo de la autoridad que ha recibido el Cordero sobre la creación porque a Él
se le ha dotado de la gloria, fuerza victoriosa de los vencedores. De esta
manera, el matiz de los colores que se despliegan en estos versículos simboliza
la alegría y la esperanza celebrativa y cultual, tanto terrestre como celestial,
esta celebración celestial es la cumbre a la que tendemos.
Los colores aunque tengan una visión de tragedia o
connotación de desgracia, de mal en estos versículos, debemos mirarlos desde la
perspectiva del triunfo del bien sobre la adversidad, es decir desde la
resiliencia de la comunidad, en otras palabras es el triunfo de Cristo porque
representan la su victoria como Cordero inmolado que transforma la adversidad en
símbolos de libertad, en colores de esperanzas, de alianza de la nueva
liberación y de la Alianza que Dios hace con su pueblo: El pacto del Génesis con los colores del Arco iris (Cfr. Ap 4,3; Gn
9,8-17).
El caballo blanco, símbolo de pureza y autoridad,
es referencia frontal al Anticristo, que en el segundo caballo se revelará con
lo propio el poder destructor del imperio romano – Emperador que montaba a
caballo- Haciéndose pasar por dios. Recordemos que en América en la conquista
los hombres que venían a caballo eran considerados dioses. En Roma Calígula
nombra a su caballo Senador y Cónsul en los años 37-41 dC: “Era tal la
admiración de Calígula hacia su mascota equina que la llegó a nombrar cónsul de
Bitinia (territorio al norte
de Turquía) en una actitud de claro menosprecio hacia las instituciones y
senadores de Roma durante su reinado, más que por su demencia”.
Al recrear la imagen del caballo y el jinete, se va creando una
conciencia en la que se manifiesta que el único Dios es Cristo y a Él se le
rinde el culto porque Él es el verdadero Dios de la humanidad. Cristo es quien
viene con su poder y pureza, gobierna toda la creación y se opone a todo juicio
injusto propiciado por el poder humano: “Luego
vi el cielo abierto y apareció un caballo blanco. Su jinete se llama fiel y
veraz; él juzga y combate con justicia” (Ap 19,11; Cfr. Sal 55,20-21).
Apocalipsis se vale de la profecía de Zacarías para
simbolizar el tiempo de repeso, de calma de la comunidad del Cordero y hace
énfasis en las figuras de los caballos de colores: Rojos, castaños, blancos y
ángeles del profeta Zacarías, los jinetes simbolizan el tiempo de paz de
descanso el Shabat y anuncia la terminación de los 70 años de angustia y
tribulación proclamando el tiempo de paz y de reconstrucción (Cfr. Zc 1,7-17;
6,1-8; Dn 9, 20-27).
En la antigüedad los emperadores montaban caballos
blancos como símbolo de poder sobre la conquista. Este jinete va sobre un
caballo blanco con un arco (Cfr. Hab 3,9) pero no menciona que lleva flechas lo
cual se refiere que su victoria será sin derramamiento de sangre porque es una
conquista pacífica, los cristianos han de ser mensajeros de paz porque Cristo
es el único que ha derramado la sangre por la paz y la justicia, Él lleva una
corona de vencedor, porque es un hombre de paz y de salvación. Él es quien
reina sobre un reino de justicia y de amor, de libertad y de esperanza por eso
en su reino no habrá derramamiento de sangre.
Ap 6,3-4: Cuando el Cordero abrió el
segundo sello, oí al segundo de los Seres Vivientes que decía: ¡Ven! Y vi
aparecer otro caballo, rojo como el fuego. Su jinete recibió el poder de desterrar
la paz de la tierra, para que los hombres se mataran entre sí; y se le dio una
gran espada.
El segundo viviente, invoca nuevamente la presencia
del Cordero para romper con la tribulación que provocará el que monta el
caballo rojo, símbolo de la guerra y de la sangre, de la discordia y de la
muerte, la espada en la mano trae la desolación y el desorden que irrumpe
contra el Cordero y sus seguidores que se han preparado para establecer la paz,
se rompe la tregua que el primer Jinete había establecido con una paz
momentánea y ahora hay que prepararse para la adversidad: “Porque
vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la
noche; que cuando digan paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos
destrucción repentina, como los dolores de la mujer encinta, y no escaparán”
(1Tes 5,2-3).
Al
terminar la tregua se viene nuevamente la calamidad, los odios, las discordias
y hasta muchos renegarán del Señor, se traicionarán entre sí: “Ustedes tendrán noticas de que hay guerras
aquí y allá; pero no se asusten, pues así tiene que ocurrir; sin embargo, aún
no será el fin. Porque una nación peleará contra otra y un país hará guerra
contra otros; y habrá hambres y terremotos en muchos lugares. Pero todo eso
apenas será el comienzo de los dolores” (Mt 24,6-8).
Con
el capítulo 6 del Apocalipsis se inserta pedagógicamente el llamado a la
Iglesia de mantenerse firmes frente a la tribulación que afrontarán, ya que al
asumir los textos apocalípticos de Mc 13, Mt 24-25 y Lc 21 se toman elementos
que nos narra la situación de la iglesia perseguida que se ha de mantenerse
firme en la fe: “Pero el que siga firme
hasta el fin, se salvará. Y esta buena noticia del reino será anunciada en todo
el mundo, para que todas las naciones la conozcan; entonces verán el fin” (Mt
24, 13-14).
Los
anticristos se presentarán como profetas de la verdad anunciando que ellos son
la alternativa de la salvación haciendo de estos textos su objeto de
predicación y así fortaleciendo el miedo y el terror. Estos anticristos forman
grupos de apariciones de deidades que revelan acontecimientos futuros de
soledad, angustia y de desesperanza (Mt 24, 11-12) Es necesario guardarnos de
la mentira que profieren estos falsos profetas (Cfr. 1Jn 2, 20-25; Cfr. Dn 7,8;
11,20).
Ap 6, 5-6: Cuando el Cordero rompió el tercer sello, oí que el
tercero de los seres vivientes decía: ¡Ven! Miré, y vi un caballo negro, y el
que lo montaba tenía una balanza en la mano. Y en medio de los cuatro seres
vivientes oí una voz que decía: “Solamente un kilo de trigo para el salario de
un día, y tres kilos de cebada por el salario de un día; pero no eches a perder
el aceite ni el vino.
El
color negro es símbolo de hambre, consecuencia de la guerra. La balanza es
símbolo de medición de los granos, que escaseaba en época de guerra y se vendía
caro. El aceite y el vino son caros pero estos no se han visto afectados, ya
que son de primera necesidad (Cfr. Dt 7,13; 11,14; Jl 2,19) Aquí el anticristo
tiene el control absoluto de todo en estos momentos de la vida y de la muerte
(Cfr. Ap 13, 7b) El color negro es símbolo del hambre (Lam 4,8-9; Ez 4,17).
Solamente
se le permitirá recibir lo que corresponde a un salario diario y se les medirá
con la balanza de la muerte, la humanidad tendrá que acomodarse a estas
circunstancias y se le controlará con estas medidas que le indican el precio
que tendrán que pagar pero Dios los recompensará con la esperanza de la
liberación, porque el reino de este mundo está medido y pesado (Cfr. Dn 5,
18-30) hasta que el Cordero y sus seguidores triunfen frente a la tribulación.
Ap 6,7-8: Cuando el Cordero rompió el cuarto sello, oí que el cuarto
de los seres viviente decía: ¡Ven! Miré, y vi un caballo amarillento, y el que
lo montaba se llamaba muerte. Tras él venía el que representaba el reino de la
muerte, y se les dio poder sobre la cuarta parte del mundo, para matar con
guerras, con hambres, con enfermedades y con las fieras de la tierra.
El
color amarillento simboliza la palidez de la muerte; es
el amarillo o pálido el color de que tienen los esqueletos o los huesos una vez
muerta la carne. Los cadáveres abandonados por consecuencia de la guerra, del
hambre y de los ataques, harán que el paisaje se vea de color amarillo.
(Cfr. Ez 14, 21) Por esta razón quien monta el caballo amarillento tiene el
nombre de la muerte y detrás viene el reino de la muerte - el Hades - (Cfr.
Apocalipsis. Pág. 128-130) Se recuerda las tres calamidades de la humanidad:
Guerra, hambre y peste (Ex 7,14-10,29; 11,1-10) que son contraria al reino de la
vida del Cordero, porque Él ha vencido a la muerte y viene a traer la paz y la
justicia.
Pero
la muerte seguirá triunfando porque continúa la injusticia, ella no es el fin
para los injustos, por esto seguirá reinando hasta que no sea derrotada como
último enemigo: “Porque Cristo tiene que
reinar hasta que todos sus enemigos estén puestos debajo de sus pies; y el
último enemigo que será derrotado es la muerte. Porque Dios lo ha sometido todo
bajo los pies de Cristo” (1Cor 15,25-27) Y mientras esto llegue seguiremos
viendo a la muerte destruyendo a la humanidad que se ha declarado enemiga de la
creación:
De
tal manera, no nos debe extrañar que la Muerte y el Hades cumplan con su
cometido de dar muerte a una cuarta parte de la humanidad también a través de las
fieras de la tierra. Eso se puede cumplir en el futuro. Pero se puede hacer
daño al tratar de intimidar a las personas por el erróneo intento de
espiritualizar la interpretación de los pasajes apocalípticos de la Biblia. En
la Biblia abundan pasajes sobre los juicios o castigos y no se pueden leer
literalmente como hechos cumplidos. Tal fue el caso de las plagas de Egipto,
las plagas a las que refiere Joel 1:4, las avispas mencionadas en Éxodo 23,28,
las langostas en Éxodo 10; las serpientes en Num 21,6. Pero estos son elementos
de advertencias para que no descuidemos el camino de la vida que nos ofrece el
Señor.
Las
guerras, el hambre, las pestes y las fieras –que son las vías a través de las
cuales actuarán la Muerte y el Hades- son llamadas en Ezequiel 14,21 los
“cuatro juicios terribles”. Jeremías ofrece varios ejemplos de cómo
reiteradamente Dios utiliza la espada, el hambre y la pestilencia (Jer 29,17;
14,12) como vías de ejecución de sus juicios e ira.
Los cuatro sellos:
En
los cuatro sellos se mezclan tres imágenes: El Cordero, los Seres vivientes, Los
caballos- Símbolos del anticristo- que dan la idea de ser una sola imagen pero
a la vez separados pedagógicamente en la misma figura con lo cual se le da
continuidad a la narración del texto en la comunidad con la figura del Cordero
que es reconocido por los vivientes: “¡Ven! En la misma imagen se menciona el
caballo y el jinete, como quien dice un lector desprevenido no se ve la
separación y no se percata que el que viene es el Cordero y no el jinete, el
jinete es la figura de la paz o de la tribulación. El caballo y el jinete
forman una sola imagen que representa el anticristo es decir el mal, las
fieras, las pestes-enfermedades, los animales y la muerte que son consecuencias
de la injusticia del imperio.
Los
seres vivientes y el Cordero forman a su vez una sola imagen que salen al
encuentro de los que sufren la tribulación y liberados del reino de la muerta.
Estos elegidos forman el grupo de los llamados a vivir eternamente en el reino
de Dios, reino que solo vivirán los que han blanqueado sus vestiduras con las
Sangre del Cordero:
·
“El
Reino de Dios gobernará a todos “los pueblos, grupos nacionales y lenguajes” de
la Tierra (Dn 7,13.14) No es un gobierno elegido por el pueblo; Dios es
quien lo ha nombrado y le ha dado autoridad para dirigir a la humanidad (Sal
2,4-6; Is 9,2) Jesús les dijo a sus apóstoles fieles que ellos estarían con él
en el Reino de los cielos. ¿Para qué? Él mismo declaró: “Para
que [...] se sienten sobre tronos”, es decir, para que fueran reyes junto
con él (Lc 22,28.30).
·
El
Reino de Dios acabará con sus enemigos (Sal 2,1.2.8.9; 110,1.2; 1Cor 15,25.26) Así
pues, la Biblia no enseña que el Reino de los cielos gobierne a través de
nuestro corazón. En ese sentido, el Reino de Dios no es algo que se
lleve en el corazón. Lo que sí enseña la Biblia es que las “La buena nueva
del reino” o “la palabra del reino” pueden y deben influir en nuestro corazón
(Mt 13,14.; 24,14)”.
Quinto, Sexto y Séptimo sello
Quinto Sello (Ap 6,9-11)
Este es el grupo de los mártires- Testigos- Que no
han subido al Altar porque todavía no han sido totalmente purificados, su
caminar depende de la participación en la Palabra de Dios y del testimonio que
hayan dado. Son los que siguen clamando para alejarse de la gran tribulación,
pedirán justicia por la sangre derramada. Ellos son llamados a purificarse con
la nueva vestidura blanca y se les ha pedido paciencia hasta que se complete el
número de los elegidos que formarán el grupo de los hermanos que iban a dar el
mismo testimonio con su sangre.
Sexto
Sello (Ap 6, 12-17)
Este sello es preludio de los capítulo
7,8,9,10,11,12 que plantean la gran tribulación que han de sufrir los
seguidores de Cristo, el Cordero. Todos los que estaban en contra de los santos
se atemorizaron y se escondían de Dios porque estaban aferrados a sus dioses
(Ap 6, 15-17). Estos versículos recrean la pedagogía de Is 2,19-21; 13, 6. 10;
34,4; Ez 30,2-3; Jl 1,15; 2,10.11.31; 3,15; 4,15; Os 10,8; Am 5,18-20; 8,9-14;
Sof 1,14-18; Mal 3,2;Mt 24,29; Lc 23,30).
También se puede precisar que el capítulo 7 es
intermedio entre el sexto sello y el séptimo sello que muestra como Dios
interviene en la historia de los hombres y la historia de Dios, de esta manera,
se trata de plantear la salvación del pueblo de Dios. Salvación que se irá
gestando a partir de los capítulos 12 en el que el pueblo que vivía en la
tribulación empieza a encaminarse hacia los “Cielos nuevos y la Tierra nueva”.
Séptimo sellos (Ap 8, 1-11,18)
Ap
8,1: La ruptura del séptimo sello concluye la sección
que comenzó en el Ap 4,1, dando apertura a la siguiente sección. En esta
sección cultual es significativo que se retome la imagen de las siete Iglesias
con los siete ángeles y se recrea la pedagogía cultual de Apocalipsis
desarrollado por la comunidad, se destaca el incienso, el altar de oro, el
humo, las oraciones y la presencia de Dios, resaltando su imagen celestial y
cultual.
APOCALIPSIS 7
Los sellos representan un
caminar pedagógico para la comunidad de creyente que está a la expectativa de
un cambio y quiere superar los escollos de la tribulación que sufren en el
momento y que pueden seguir sufriendo por causa de la Palabra (Cfr. Ap 7,14) y
ahora esperan la renovación en Cristo, el Cordero y ellos seguirán blanqueando
sus vestiduras con la Sangre derramada en la Cruz y con la sangre que han
derramado los mártires y la que se puede derramar por causa del Resucitado.
En el capítulo 6 se ha ido
planteando el caminar de esta pedagogía del martirio y en el capítulo 7, se
coloca la imagen de los mártires que son escogidos para llevar la marca del Cordero
sobre la frente (Cfr. 7,4; 22,4) y llevan vestiduras blancas y palmas en las
manos (Cfr. Ap 7,9). El autor del Apocalipsis recrea textos del profeta
Exequiel e Isaías para animar a la comunidad que al igual que en la antigüedad
el pueblo sembró nuevas esperanzas este nuevo pueblo con el ejemplo de los
mártires puedan buscar cambios de paradigmas pasando de la desesperanza a la
esperanza:
Ez 9, 4-6 (Cfr. 1,7-14)
“Y le dijo: Recorre la ciudad de Jerusalén, y
pon una señal en la frente de los que sientan tristeza y pesar por todas las
cosas detestables que se hacen en ella”. Luego oí que les decía a los otros
hombres: ¨Vayan tras él a recorrer la ciudad y, comenzando por mi templo, maten
sin ninguna compasión a ancianos, jóvenes, muchachas, niños y mujeres. Pero no
toquen a nadie que tanga la señal”.
Isaías 44,5-6
Yo soy el Señor, no hay otro; fuera de mí no hay
Dios. Yo te he preparado para la lucha sin que tú me conocieras; para que sepan
todos, de oriente a occidente, que fuera de mi no hay ningún otro”.
Estas citas hacen parte de los
textos escatológicos con los que los profetas hablan de la destrucción de los
enemigos y que al ser vencidos reconocerán al nombre del Señor y por eso es
necesario que los elegidos lleven el nombre del Señor para ser salvos, el sello
que portarán es como una marca puesta sobre aquellos que quieren pertenecer a
Dios y son protegidos en la hora de la prueba (Cfr. Ap 3,10; 9,4; 2Cor 1,22; Ef
1,13; 4,30) La marca de los cristianos es totalmente opuesta a la marca de los
seguidores de la bestia mencionada en el capítulo 13, la marca de la bestia
hace referencia al sello imperial que todos los ciudadanos romanos portaban y
nada tiene que ver con la serie de supersticiones que en el momento manejan
algunos grupos milenaristas.
La marca de los cristianos es
la oportunidad que tienen todos de iluminar sus vidas con la presencia de Dios
y llevar su nombre en la frente y en todo su ser, es la marca del nuevo nombre
que ya se le iba dando a los santos del Señor y que por las circunstancias no
podía revelarse con un nombre concreto, en otras palabras por la persecución no
podían vivir como cristianos por lo que asociaban a los cultos idolátricos del
imperio romano.
Los 144.000 Elegidos
Los elegidos forman parte de
los que manteniendo su fe, no renuncian a ella a pesar de la persecución, para
mencionar a los elegidos se recurre a la simbología numérica del judaísmo y los
conjuga con las 12 tribus de Israel, para representar la totalidad del pueblo
de Dios (Cfr. Rm 11,25-26) y los distribuye en cifras iguales entre los hijos
de Jacob.
Esta cifra es simbólica y es
detallada como aparece a continuación:
Judá 12 mil
Rubén 12 mil
Gad 12 mil
Aser 12
mil
Neftali 12 mil
Manasés 12 mil
Simeón 12 mil
Leví 12 mil
Isacar 12 mil
Zabulón 12 mil
José 12 mil
Benjamín 12 mil
Según la tradición del Génesis, los hijos de José Manasés y Efraim (Gn
48, 1-7) son los integrantes de las tribus no José, como ya se ha mencionado la
lista es simbólica, estos forman el nuevo pueblo de Dios, los elegidos (Cfr. 48
y Ez 48) y es distinta a la de Génesis. Esta lista del Apocalipsis lleva a la
nueva nación donde convergen todas las razas, lenguas, pueblo y nación y todos
se gestan delante del Cordero y del Trono y con nueva identidad: Vestidura
blanca (Cfr. Ap 3,4) Palmas símbolo de victoria (1Mc 13,15; Jn 12,13).
En el Apocalipsis los que han sido escogido forman el grupo que cantan
alabanza a Dios en tres cánticos que forman parte del conjunto de himnos del
Apocalipsis: Ap 7,10; 7,12; 7,15-17 que narran la victoria de Dios sobre el mal
de este mundo; por esta razón, ellos los elegidos han blanqueado sus vestiduras
con la Sangre del Cordero (Cfr. Ap 7,14).
Los elegidos son los herederos de la promesa de la salvación:
Is 25, 8
El Señor destruirá para siempre la muerte, secará
las lágrimas de los ojos de todos y hará desaparecer en todas la tierra la
deshonra de su pueblo.
Is 49,10
No tendrán hambre ni sed, ni lo molestará el sol ni
el calor, porque yo los amo y los guío, y los llevaré a manantiales de agua.
Abriré un camino a través de las montañas y haré que se allanen los senderos.
Esta es la promesa hecha al pueblo de la Alianza y que heredaran los
hijos del nuevo pueblo de Dios que ha sido llamado de todas las naciones para
formar el nuevo pueblo de la Alianza que llevan la victoria de Dios en las
manos y son marcados con el nombre de Dios en su frente porque lo verán cara a
cara: “Lo verán cara a cara, y llevarán
su nombre en la frente. Allí no habrá noche, y los que allí vivan no
necesitarán luz de lámpara ni luz del sol, porque Dios el Señor les dará su
luz, y ellos reinarán por todos los siglos” (Ap 22,4-5).
APOCALISPSIS 8
LAS
TROMPETAS DEL APOCALIPSIS
Todos los caminos de la comunidad de creyentes conducen a
vencer la adversidad y a reconocer la victoria de Cristo, el Cordero degollado,
los creyentes son conscientes de que la perseverancia los lleva a contemplar la
presencia de Dios que pronuncia su voz. La simbología de las trompetas se
asemeja a la voz Señor que llama al culto o la guerra, creando un ambiente de
fiesta para los que le siguen y hacen su voluntad y de terror para los que se
alejan de Él.
Por esta razón al romper el Cordero el séptimo sellos, da
paso a un silencio profundo, significando que después de toda tribulación viene
la paz salvífica en la Iglesia que sigue viva a pesar de las dificultades. Las
trompetas son un llamado a crear los espacios de la esperanza cristiana, los
siete ángeles con las trompetas son los guías de las Iglesias que llaman al
Señor para que reine y así poder rendir el culto de salvación.
El culto es símbolo de la salvación de la comunidad
perseverante, por eso se ha dispuesto un altar de oro (Cfr. Ex 30,1-5) y se ha
preparado el incienso. Altar e incienso forman un conjunto con las oraciones de
alabanzas del pueblo de los santos (Sal 141,2; Lc 1,10; Ap 5,8) las brasas que
se queman en el culto son lanzadas sobre la tierra porque fuego hay que lanzar
para la purificación de los que aún no se han acogido a la fe (Cfr. Lc 12,49;
Ex 10,2) La voz del Señor se hace potente, es la voz que rompe el silencio de
media hora en la comunidad de los santos (Cfr. Ap 11,19; 16,18; Ex 19,16-18;
Hec 4,3).
Simbología de las trompetas
Es necesario tener en cuenta que si
queremos hacer un acercamiento a esta simbología debemos romper con los
fantasmas que nos han creado acerca del Apocalipsis como ya hemos recomendado. Las
trompetas no son destrucción sino símbolos de la voz de Dios. Por otra parte,
es necesario tener conocimiento de las 10 plagas que narra el libro de Éxodo,
las cuales son vistas como medio de la liberación del pueblo de Israel de
Egipto (Cfr. Ex 7,14-11,10):
1.
Sangre (Ex 7,25)
2.
Ranas (Ex 8,1-15)
3.
Mosquito (Ex 8,16-19)
4.
Tábanos (Ex 8,20-32)
5.
Muerte al ganado (Ex 9,1-7)
6.
Úlceras en la piel (Ex 9,8-12)
7.
Granizo (Ex 9,13-35)
8.
Langosta (Ex 10, 1-20)
9.
Tiniebla (Ex 10,21-29)
10. Muerte
a los primogénitos egipcios (Ex 11).
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